Imagen: Huelén : revista literaria. Santiago : Huelén, 1980- (Santiago : Impresos Orellana, volúmenes, número 5, (septiembre 1981), página 7. Fuente: Memoria Chilena.
La vida de María Luisa Bombal estuvo impregnada de pasión, tragedia y una profunda obsesión amorosa que la llevó a protagonizar uno de los episodios más impactantes de la historia literaria chilena. Su relación con Eulogio Sánchez, un destacado pionero de la aviación civil, fue el telón de fondo de una historia que combinó el amor desenfrenado con el sufrimiento más profundo.
Todo comenzó en 1931, cuando María Luisa conoció a Sánchez tras su regreso a Chile. Lo que inició como un apasionado romance pronto se tornó en desilusión cuando las promesas de matrimonio quedaron en el aire y él se alejó. La escritora, obsesionada, le escribe cartas sin obtener la respuesta esperada. Trastornada, asiste a una reunión social en el departamento de Eulogio y se dispara sí misma con un arma que encuentra registrando sus cajones. Tras salvar la vida milagrosamente, viaja a Argentina invitada por su amigo Pablo Neruda.
El punto culminante de esta tormentosa relación tuvo lugar en 1941. Tras una estancia en Buenos Aires y su primera visita a Estados Unidos, María Luisa regresó a Chile, donde la sombra de su obsesión por Eulogio volvió a atormentarla. El 21 de enero de ese año, caminó lentamente por las calles del centro de Santiago hasta situarse frente a la puerta del Hotel Crillón. Allí, esperó a Eulogio Sánchez, quien, después de ocho años sin verla, ya casi no la recordaba. Luego de encararlo, en un acto de desesperación, le disparó, hiriéndolo en el brazo. Este hecho la llevó a prisión, pero sólo cumplió una condena de pocos meses, porque su amante herido la exoneró de toda culpa.
Cuando se le cuestionó sobre sus motivaciones, María Luisa declaró que al intentar matar a Eulogio, estaba intentando liberarse de su mala suerte: “Al matarlo mataba mi mala suerte,” declaró, “mataba mi chuncho». Sin embargo, este trágico episodio no fue único en la historia del Hotel Crillón. En 1955, otra escritora chilena, María Carolina Geel, protagonizó un suceso similar, aunque en su caso, el desenlace fue fatal.
